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BARRIO DE GRÀCIA, TURISMO EN BARCELONA

Un paseo por Barcelona nos permite completar una versión a pequeña escala de la 'vuelta al mundo'. Así, comenzando en Gràcia, un rápido vistazo nos descubre un barrio diverso en nacionalidades y en oferta lúdico-cultural. La calle Verdi es el centro neurálgico de esta antigua vila que, antes de su anexión a la gran Barcelona a principios del siglo XX, era el destino dominical para una parte de la rica burguesía barcelonesa.

Sobre todo a partir de media tarde, la calle de Verdi se convierte en un hervidero de gente abierta de miras y ávida de nuevos conocimientos. La oferta culinaria de esta cakke
es extensa. Los restaurantes de comida tradicional catalana se disputan la clientela con bares como el libanés Al-Waha o el egipcio Nut, espacios donde se puede hincar el diente a los típicos shawarma de carne de cordero y ternera o donde tomar un té, endulzado todo ello con baklawa (pequeños pastelitos). En la misma calle, en Extensions, dos jóvenes africanas hacen gala de su destreza como peluqueras para ofrecer un atrevido cambio de imagen. ¿La especialidad de la casa? Las rastas. Aunque para encontrar auténtico arte africano, mejor caminar unos metros más hasta llegar a Senkeur, en la calle de Torrijos. Allí, una pareja afro-catalana, a los que no es extraño encontrar en la misma calle tomando el té recostados sobre unas tumbonas, vende figuras y cerámica importadas del continente negro.

Al inicio de la calle de Verdi, disimulada tras la gente apostada en los bancos de la plaza y las mesas de un par de terrazas, la tienda Masala, en la plaza de la Revolució, se autoproclama centro de promoción cultural hindú. La danza del vientre y la indumentaria necesaria para realizar este baile hipnotizador son su reclamo. Una fotocopia colgada en la puerta invita, además, a las fiestas Bollywood y Bhangra que se realizan cada semana en Finateca, en la calle de Muntaner.

Antes de dejar atrás el barrio de Gràcia, en torno a la plaza Raspall, se asienta una de las grandes comunidades gitanas de Barcelona. Una placa en la entrada de la calle Fraternidad nos desvela que Antonio González 'El Pescaílla', que fue marido de la famosísima Lola Flores y creador de la rumba catalana, nació precisamente ahí, en el número 8. Otro famoso rumbero, el Gato Pérez, tiene también una placa en la plaza del Poble Romaní, con el fragmento de una de esas letras que acompañaba con su guitarra: "Gitanitos y morenos son los ases del compás… ahora vengo yo con sabor, aunque no sea moreno".

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